jueves, agosto 20, 2026
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Ex-pandillero regresa a las calles 


Félix manifiesta que Dios le ha dado una misión: salir a salvar vidas, por eso regresó a las calles. “Regresé a recoger toda esa gente que hoy vive lo mismo que yo viví hace años…” 


PROVIDENCE, RI.- Félix Rivera se inició en el alcohol, las drogas y las pandillas juveniles a muy temprana edad, en Puerto Rico. Siendo apenas un niño de 11 años, Rivera empezó a tomar alcohol para olvidar la mala experiencia que vivió a la edad de ocho años. Así llegó a la adolescencia y decidió probar drogas, las cuales en la adultez lo llevaron a convertirse en uno de los más temidos y peligrosos pandilleros de Puerto Rico y Estados Unidos. 

“Desde muy niño me convertí en una persona solitaria, rebelde y muy violenta. Peleaba constantemente en la escuela y la calle; bebía alcohol y fumaba marihuana, y para poder mantener mi vicio, robaba a mis familiares y amigos”, recuerda Félix, mientras sostiene en sus manos una Biblia de color blanco. 

Más de dos décadas después, Félix Rivera, hoy padre de cinco hijos, recuerda su triste niñez y adolescencia, ambas estrechamente ligadas a una vida de perdición, venganza y resentimientos. “Pasé de la marihuana a la cocaína y entonces comencé a asaltar gente y vender drogas. A los 14 años de edad, mataron a mi mejor amigo, un muchacho sano y alegre que no tenía nada que ver con aquel mundo. Entonces decidí vengarlo y se inició una guerra entre dos pandillas de barrio”. 

Félix estuvo preso en varias ocasiones en Puerto Rico, por lo que su madre, desesperada decidió enviarlo a Estados Unidos, donde éste comenta: “Cuando llegué aquí me envolví en pandillas y me convertí en la cabecilla del grupo. Me hundía más y más. Cometí todo tipo de delitos, mucho de los cuales no puedo ni mencionar y empecé a usar crack y heroína”. 

Rivera se vio frente a frente a la muerte muchas veces. No obstante reconoce que “Dios tenía otros planes para mi; por eso las veces que intenté suicidarme, que quisieron matarme o encarcelarme por años, ‘Él’ tuvo misericordia y me salvó. Pero yo seguía, entonces mi familia y amigos se alejaron. Me quedé muy solo”. 

En lo que Félix Rivera considera la ultima oportunidad de Dios, tras huir de la policía para luego verse rodeado y pelear con un oficial, “me encarcelaron y con mi acción, los delitos anteriores y la probatoria que pesaba en mi contra, me esperaban muchos años de cárcel. Pero el día del juicio, ya ante el juez, a punto de condenarme, éste encontró contradicciones en los reportes de policía de dos ciudades y me dejaron en libertad, con la advertencia celestial de que esa sería mi última oportunidad para enderezar el camino”. 

De vuelta a las calles

Después de 15 años, sumido en la oscuridad de los vicios, la delincuencia y el odio, Félix Rivera se rehabilitó en el hogar New Challenge, en Massachussets, que preside el Pastor Eliseo Nogueras, de la Iglesia Getsemaní, y cuenta con cinco locales diseminados no sólo en Massachussets sino también en Connecticut. Estos hogares rehabilitan personas adictas a través de la palabra de Dios y el Evangelio. 

En julio de 2001, Rivera ingresó al hogar, y poco tiempo después conoció al Reverendo Nogueras, quien lo trajo a su iglesia en Central Falls, donde este llegó a ocupar puestos claves, al igual que en la iglesia a la que asiste actualmente, International Church Development. 

Presidente de Ujieres y Pro-Templo, así como Tesorero de los Caballeros de la iglesia de los pastores Raffy y Abigail Ríos, Félix manifiesta que Dios le ha puesto muy clara su misión: salir a salvar vidas. Reconoce que esta labor le ha obligado a regresar a las calles. 

“Regresé a recoger toda esa gente que hoy vive lo mismo que yo viví hace años. Mi batalla ahora es salvar vidas, y quién mejor que yo, que pasé todo lo malo en esas calles. Con mi ejemplo les puedo enseñar a todas esas personas, despreciadas, olvidadas y sin esperanzas que si se puede salir de ese hueco, porque Dios todo lo puede”, apuntó. 

Como hombre nuevo en el que dice haberse convertido, Rivera confiesa con ojos llorosos: “Yo no puedo ver a nadie por ahí tirado; tengo que pararme y decirle Cristo te ama; ofrecerle el programa donde yo me rehabilité y conocí al Señor. Entonces le pregunto quieres ir a un hogar, yo te llevo y no tienes que pagar nada; pero se me parte el corazón cuando llamo a los hogares y no hay cupo. ¿Cómo puedo regresarlo a la calle, y dejar perdida la que puede ser su última oportunidad de salvación?”. 

En busca de hogar

De ahí su compromiso de vida, mismo que hoy le hace apelar a la comunidad para que colabore con esta noble causa. “Hasta ahora solo tenemos el nombre del centro, “Hogar de Restauración, El Manantial de Vida” y su lema ‘Recogiendo espigas para Cristo’. También contamos con voluntarios, tenemos la bendición de Dios y el firme compromiso de servir a todas esas personas que lo necesitan”, apuntó Rivera. 

Sin embargo, recalcó, pero “falta un lugar para albergar a esas personas en Rhode Island. Necesitamos camas pequeñas, sábanas, toallas y todo lo que es indispensable en un centro de rehabilitación donde el único remedio que inyectamos es la palabra de Dios”. 

Y concluyó: “A diario encuentro personas en la calle que quieren cambiar su vida, pero no quieren irse lejos. Si aquí hubiera un hogar donde albergar a esas personas y curarlos, sería mucho mejor. Pero las camas en los hogares son difíciles de encontrar. En ese momento, clamo y pregunto a Dios, Padre qué hago, no quiero regresarlo a la calle, me duele decirles que no hay donde llevarlos y tienen que regresar. Por eso, me gustaría conseguir un hogar, que nos dieran la oportunidad de ayudar a estas personas a reconstruir sus vidas”. 

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