Al finalizar el desfile circularon en las redes sociales imágenes de peleas y enfrentamientos aislados, protagonizados por personas que se encontraban en los alrededores de la actividad.
BRONX, NY.- El Bronx volvió a convertirse el pasado domingo 26 de julio en punto de encuentro para miles de dominicanos que salieron a celebrar su identidad, sus tradiciones y los aportes de una comunidad que forma parte esencial de la vida económica, social y cultural de Nueva York.
La trigésima séptima edición de la Gran Parada Dominicana reunió en la Grand Concourse a familias, organizaciones comunitarias, autoridades, empresarios, artistas y gestores culturales. Durante la jornada, la bandera tricolor, el merengue y las expresiones del folclore nacional ocuparon una de las avenidas más emblemáticas de este condado neoyorquino.
Creada en 1989 por Felipe Febles, la parada surgió con el propósito de reconocer las contribuciones de los dominicanos residentes en Nueva York. Más de tres décadas después, mantiene su valor como espacio de encuentro para la diáspora y como una oportunidad para acercar a las nuevas generaciones a las raíces de sus padres y abuelos.
La celebración contó con la participación de autoridades dominicanas y estadounidenses, representantes comunitarios, empresarios y figuras vinculadas al arte y la cultura. Tras los actos protocolares, carrozas y comparsas recorrieron la avenida en una muestra de música, gastronomía, creatividad popular y orgullo patrio.
Esta edición estuvo dedicada al artista Camboy Estévez y a la provincia de San Cristóbal. La delegación sancristobalense estuvo encabezada por la gobernadora provincial, Pura Castillo Dolores, y el senador Gustavo Lara Salazar, junto con otros representantes de la provincia residentes en la República Dominicana y en Nueva York.
La presencia de San Cristóbal permitió destacar la identidad de una provincia estrechamente vinculada a la historia nacional y reconocer a los miembros de su comunidad que han mantenido vivas sus tradiciones fuera del país.
En la Gran Parada Dominicana conviven distintas estampas de la cultura popular. El tradicional personaje de “Roba la Gallina”, las agrupaciones musicales, los trajes alusivos a la bandera y la oferta gastronómica compartieron espacio con empresas, instituciones y organizaciones que aprovecharon el encuentro para acercarse a la comunidad.

Disturbios y enfrentamientos
La jornada también volvió a poner sobre la mesa un desafío que ha acompañado algunas ediciones recientes. Al finalizar el desfile circularon en las redes sociales imágenes de peleas y enfrentamientos aislados, protagonizados por personas que se encontraban en los alrededores de la actividad.
Aunque estos episodios no representan el comportamiento de la mayoría de los asistentes, terminan desviando la atención de una celebración concebida para reconocer el trabajo, los logros y la influencia de la comunidad dominicana en Nueva York. También afectan el esfuerzo de organizadores, autoridades, patrocinadores y voluntarios que trabajan durante meses para hacer posible el evento.
La presencia policial y las medidas de seguridad son necesarias en una convocatoria de esta magnitud, pero el orden no depende exclusivamente de las autoridades ni del comité organizador. Quienes asisten también tienen la responsabilidad de actuar con prudencia, respetar las normas y contribuir a que la parada conserve su carácter familiar y cultural.
Reducir toda la jornada a los incidentes ocurridos sería desconocer la participación de miles de dominicanos que acudieron de manera pacífica a celebrar sus raíces. La comunidad dominicana del Bronx está integrada, en su mayoría, por hombres y mujeres que trabajan, estudian, emprenden, sostienen a sus familias y aportan diariamente tanto a Nueva York como a la República Dominicana.

Valor cultural
La Gran Parada Dominicana continúa siendo una de las principales expresiones públicas de la dominicanidad en el exterior. Preservarla exige una responsabilidad compartida: organización, prevención y capacidad de respuesta por parte de sus responsables, así como respeto y sentido de pertenencia por parte del público.
Celebrar la patria lejos de ella implica mucho más que llevar una bandera o bailar al ritmo del merengue. También supone cuidar la imagen de una comunidad construida con trabajo y sacrificio, y garantizar que la alegría, la cultura y el orgullo dominicano sigan siendo los verdaderos protagonistas de este encuentro.






