La artista dominicana, conocida como “La Domadora”, recuerda una trayectoria marcada por la fama, los excesos y la violencia, hasta encontrar en la fe cristiana el camino para reconstruir su vida y poner su música al servicio de Dios.
PROVIDENCE, RI.— Antes de convertirse en predicadora, misionera y ministra de música cristiana, Aris García conoció de cerca las luces y las sombras de la fama. Su historia comenzó siendo apenas una adolescente, cuando a los 16 años ingresó a la reconocida orquesta femenina dominicana Las Chicán, La Media Naranja y Aris La Domadora, experiencias que la llevaron rápidamente a los escenarios y al mundo artístico.
Hoy, al mirar hacia aquella etapa de su vida, García —cuyo nombre de nacimiento es Minerva — la describe como una época de fama, dinero y reconocimiento, pero también de profundas heridas personales.
“Quizás mi juventud y alcanzar la fama rápidamente contribuyó al infierno en que se convirtió mi vida después”, recuerda.
Su paso por Las Chicán fue relativamente breve, pero su talento musical, su presencia escénica y su particular manera de interpretar la trompeta contribuyeron a abrirle las puertas de otras agrupaciones. Posteriormente llegó a dirigir la orquesta La Media Naranja, etapa en la que, según su testimonio, alcanzó uno de los momentos más importantes de su carrera artística.
Sin embargo, detrás de los escenarios, la hoy pastora y evangelista asegura haber vivido una realidad completamente diferente, y que hoy forman parte de su testimonio de vida.
Una vida marcada por el maltrato
La artista recuerda una relación sentimental que, según relata, estuvo marcada por el control, la violencia y los abusos. “Yo lo tenía todo y, a la vez, no tenía nada, porque lo que conseguía era solamente para él”, contó al recordar aquella etapa.
Aris García, quien estudió en la Academia Iris del Valle y en el Conservatorio Nacional de Música de República Dominicana, afirma que durante años sufrió golpes, humillaciones y amenazas.
Según su relato, incluso personas del medio artístico intentaron ayudarla a salir de aquella situación, pero las amenazas dificultaron que pudiera romper con ese círculo de violencia. Y recuerda: “Pasé 12 años de mi vida en el infierno. Muchas personas trataron de ayudarme”.
Finalmente, después de una experiencia que describe como un intento contra su vida en transmisión en vivo en televisión nacional, García tomó la decisión de escapar junto a sus dos hijos. Fue cuando, relata, recibió un ticket aéreo por debajo de su puerta. Era un pasaje de avión hacia Estados Unidos, mismo que hasta la fecha no sabe quién se lo envió.
Un nuevo comienzo en Estados Unidos

La salida de República Dominicana marcó el comienzo de otra etapa. Aris García llegó primero a Nueva York, donde intentó reconstruir su carrera artística. Y la fama volvió a tocar a su puerta.
Formó la agrupación Aris García y las Chicas del Merengue y alcanzó notoriedad con la canción “Toma tu Pollito”. Sin embargo, según cuenta, regresó a un estilo de vida que ella misma describe como desordenado y vacío.
La experiencia que cambiaría definitivamente el rumbo de su vida ocurrió, según su testimonio, después de ser secuestrada en Nueva York y temer nuevamente por su vida.
Fue entonces cuando decidió alejarse de aquel ambiente y buscar un lugar donde pudiera encontrar tranquilidad.
Esa idea que se instaló obsesiva y fijamente en su mente, inició con un recorrido que la llevó a Rhode Island. Ese pasó marcó un antes y después en la vida de la artista que para ese entonces tenía tres hijos.
“Vi el paraíso”
Aris García recuerda de manera especial el momento en que llegó por primera vez a Providence, ciudad capital de Rhode Island.
Mientras viajaba en automóvil junto al esposo de una prima, cuenta que quedó impresionada por el paisaje de la ciudad. El ambiente, el verdor de los alrededores y la paz que se sentía la cautivaron.
“Entramos por la salida 16 y, atravesando el Parque Roger Williams, le dije: ‘Para el carro’. Nos morimos en el camino o yo he visto el paraíso”, recuerda la trompetista.
Para ella, aquella imagen de familias, niños jugando y personas disfrutando tranquilamente del parque representó algo mucho más profundo que un simple paisaje.
“Fue una visión celestial. El verdadero paraíso, donde Dios me llamó y el lugar en que vivo desde hace más de seis años”, expresó en aquella entrevista, y reconoce que en Rhode Island encontró, además, la estabilidad que había buscado durante años y comenzó una nueva relación con la fe cristiana.
De artista a misionera
García atribuye su transformación espiritual a su encuentro con el evangelio y al apoyo de personas que considera fundamentales en su proceso. Aris manifiesta que desde que conoció al Señor nunca ha mirado atrás.
Desde entonces, dice haber dedicado su vida a compartir su testimonio y llevar un mensaje de esperanza a personas que atraviesan situaciones difíciles.
Su ministerio la ha llevado, según relata, a visitar cárceles, hospitales, hogares, iglesias y grupos de mujeres que han sufrido violencia y maltrato.
“Mi vida ya no está vacía. Desde el día que pisé por primera vez la iglesia, le sirvo al Señor, quien me ha hecho libre”, afirmó. y Es que para Aris García, su pasado no representa únicamente una etapa dolorosa, sino también parte del testimonio que hoy utiliza para ayudar a otras personas.
Renovada para Cristo
Aunque dejó atrás la música secular, García nunca abandonó la trompeta. Su instrumento pasó a formar parte de su nueva misión. En 2009 preparaba el lanzamiento de su primera producción de música cristiana instrumental, “Aris García: Renovada para Cristo”, un proyecto que resumía el nuevo rumbo que había tomado su vida.
La producción incluía ocho temas: “Qué sería de mí”, “Tal como soy”, “Cuán grande es Él”, “Quiero escuchar tu dulce voz”, “Peregrino”, “Aleluya”, “Sumérgeme” y “Poderoso”.
El proyecto contó con la participación de varios músicos, entre ellos Kevin Romero, Jonathan Pilier, Jhonson Felipe, Esteban Mercedes, José Peña, Alfredo Bruno, Rafael Orozco, Sony Armstrong y Ángel Pérez.
Bajo el nombre de su ministerio “Al Sonar de la Trompeta”, Aris García encontró una nueva manera de utilizar la música: no para alcanzar fama, sino como una herramienta para compartir su fe.
Su historia, marcada por el éxito temprano, relaciones abusivas, miedo, migración, una segunda oportunidad en Estados Unidos y una transformación espiritual, pasó así a convertirse en el eje de un mensaje que ella resume en una sola palabra: renovación.
“Dios tenía una misión para mi vida”, afirmó. Y esa convicción, más de una década después de aquella entrevista, continúa siendo el centro del testimonio que Aris García decidió contar.






