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Muerte física y espiritual

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altPROVIDENCE, RI.- La muerte es la separación del  alma y el cuerpo. Como lo manifiesta la palabra de Dios, la Biblia. Es un evento natural e irreversible: “y como está establecido para los hombres que mueran una vez, y después el juicio” (hebreos 9:27).

La muerte  es inevitable para cuerpos  como los nuestros, el desgaste físico y la disolución final ponen fin a nuestras vidas.

A los  seres humanos no nos gusta hablar o escuchar hablar sobre este tema, por lo místico y lo poco que se sabe sobre el mismo. Sin embargo, quiera o no todos vamos a morir algún día, aún el más miserable o el más rico sobre la tierra va a morir, nadie puede escapar al ángel de la muerte.

La muerte física y la muerte espiritual aparecen en la Biblia y ambas deben de tomarse en cuenta.

La muerte vino sobre el hombre como consecuencia del pecado, cuando este desobedeció la palabra de Jehová Dios en el jardín del Edén; el primer libro de la Biblia, el génesis, nos habla de esta desobediencia: “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás de él, porque el día que de él comieres, morirás” (Gen.2:17).

El hombre fue hecho por Jehová Dios para vivir en la tierra eternamente, en el jardín del Edén, pero el hombre  cayó y murió. Querido hermano, o amigo, fíjese que la muerte física de Adán no se operó de manera instantánea, pero hubo una separación en el Creador y la criatura creada por Jehová.

En el libro de Romanos el apóstol Pablo nos dice “el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte pasó así a todos los hombres, pues todos pecaron” (Romanos 5:12), y también nos dice el mismo libro de Romanos que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Fue así como se rompió la intimidad con Jehová, y el hombre comenzó a caminar hacia la muerte física.

Ahora bien, desde que Adán desobedeció el mandato de Dios en el jardín del Edén, hubo una  ruptura en la relación con Jehová. El hombre murió en ese mismo instante  espiritualmente. Pero ¿qué es la muerte espiritual? La muerte espiritual se define como la separación de Dios a causa del pecado. La palabra de Dios habla sobre la muerte espiritual como un castigo de Jehová.

Tal como nacimos físicamente vivos, herencia de nuestros primeros padres,  también  heredamos la muerte espiritual de ellos. Desde que nacimos lo hacemos separados de Dios, y por ende, muertos espiritualmente.

El apóstol Pablo habla sobre la muerte en el libro de Romanos (Ro.6:23) como la “paga” del pecado. Es la sentencia de Dios emanada de su juicio. Todos nacemos muertos espiritualmente, porque traemos el pecado como herencia.

La Biblia habla sobre esta muerte como la muerte segunda: “el que venciere, no recibirá  daño de la muerte segunda” (apocalipsis 2:11), “y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la segunda muerte” (apocalipsis 20:14).

Esta es una expresión utilizada en el nuevo testamento que significa perdición eterna o castigo eterno, como está escrito en el evangelio de Mateo “al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”.  “E irán estos al tormento eterno” (Mateo 25:41-46).

Pero no todo está perdido, hay esperanza, así como el pecado entró por un hombre, así también, la vida entró por un hombre “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos”. “Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados” (1ª de corintios 15: 21-22).

La muerte tenía el imperio, el dominio, estábamos perdidos, sumidos en el pecado, no había ni un solo justo “No hay justo, ni aún uno” (Romanos 3:10). “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Este Cristo se dio a sí mismo por nuestros pecados, entregó su vida por la nuestra para que tuviéramos salvación; “mas, él herido fue por nuestras rebeliones, molidos por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz sobre él, y por sus llagas fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

Jesús de Nazaret llevó sobre sus hombros nuestros pecados y por su sangre derramada en la cruz del calvario fuimos limpiados. Los enemigos de Jesús (el diablo y sus seguidores) pensaron que con su muerte lo habían vencido, pero era solo el principio de la victoria más grande registrada en la historia de la humanidad.

Ni la muerte, ni aún la tumba lo pudo detener. La tumba se quedó vacía.  Jesús lo anunció “Yo Soy la Resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto vivirás”. (Juan 11:25), Jesús no está muerto, él vive. “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro, tu victoria?” (1ª de corintios 15:55).

La muerte perdió su imperio, la muerte fue vencida.  “Sabiendo que Cristo, habiendo resucitados  de entre los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más en él” (Romanos 6:9).

Jesús resucitó de entre los muertos para que  tú juntamente con él resucite, sólo tiene que venir a sus pies con el corazón arrepentido;  deja que la sangre de Cristo te limpie y vivirás junto a él en el paraíso. Dios te colme de bendiciones a ti y a tu familia.