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¿La prefieres rubia o pelirroja?

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En esta semana quiero hablar de un oscuro momento del pasado, que considero relevante en nuestro presente.  El mes de marzo celebramos el Día internacional de la mujer, pero este año, en lo personal, fue como cualquier otro mes.  

En 2016, una vez más, nuestro genero fue históricamente atropellado. El resultado de la elección presidencial marcará la historia de la mujer en esta parte del mundo.  Para mi generación, una violación a nuestra existencia y a la constitución, acto solo comparable a la época del movimiento de la lucha de los derechos civiles, por parte de generaciones que precedieron a las nuestras.

En esos días de marzo solo podía pensar en otra época, igual de devastadora y aterradora en su momento para nosotras las féminas de color, judías y alemanas, en el tiempo de los Nazis de Hitler. El régimen nazi perseguía a todos los judíos, tanto hombres como mujeres, persecución que terminaba con la muerte, pasando antes por aberraciones producto de sus más deleznables inferioridades como seres humanos.                                       

Con frecuencia, el régimen sometió a las mujeres, tanto judías como no judías, a brutales persecuciones que a veces eran únicas en el género de las víctimas.  La ideología nazi también apuntaba a mujeres de los guetos (GHETTOS), romaníes (gitanas -mujer de color), mujeres polacas y mujeres con discapacidad que vivían en instituciones.

Todo se inicia partir de la creación del centro de concentración de Ravensbrück, pero concluye en el lugar llamado Bergen-Belsen donde miles de mujeres judías prisioneras fueron trasladada Belsen durante el último año de la Segunda Guerra Mundial. Entre las no judías en esa misma prisión cientos de mujeres fueron forzadas a convertirse en trabajadoras sexuales en burdeles en diez campos de concentración, incluyendo Auschwitz, Dachau, Buchenwald y Sachsenhausen.  Para marcarlas como trabajadoras sexuales (prostitutas) a las mujeres les hacían tintes en el pelo de colores pelirrojo o rubio.          

Las mujeres estaban en un burdel, conocido como “cuartel especial”, que formaba parte de un sistema de incentivos destinado a aumentar la productividad de los trabajadores esclavos del campo de concentración. Sin embargo, estos bonos no se extendieron a todos los grupos de reclusos, en particular los judíos fueron excluidos.  La idea de la prostitución forzada vino del propio Heinrich Himmler, como muestra una carta del líder de las SS, publicada en una exposición.

En el mismo tiempo, en los guetos y los campos de concentración, las autoridades alemanas desplegaron a mujeres en trabajos forzados en condiciones que a menudo llevaban a su muerte. Los médicos alemanes y los investigadores médicos utilizaron a mujeres judías y romaníes (gitanas-mujer de color) como sujetos para experimentos de esterilización y otras experimentaciones humanas no éticas. Tanto en los campamentos como en los guetos, las mujeres eran particularmente vulnerables a golpizas y violaciones.

Las mujeres judías embarazadas a menudo trataban de ocultar sus embarazos o eran obligadas a someterse a abortos. Las mujeres deportadas de Polonia y de la Unión Soviética por trabajos forzados en el Reich eran a menudo golpeadas o violadas, u obligadas a someterse a relaciones sexuales por comida u otras necesidades o comodidades básicas. El embarazo a veces resultaba para las trabajadoras forzadas -polacas, soviéticas o yugoslavas- de relaciones sexuales con hombres alemanes. Si los llamados “expertos en raza” determinaban que el niño no era capaz de “germanización”, las mujeres eran obligadas a tener abortos, enviadas a dar a luz en viveros improvisados donde las condiciones garantizarían la muerte de los bebés o simplemente las enviarían a la región de donde procedían sin alimentos ni atención médica.

Los alemanes establecieron burdeles en algunos campos de concentración y de trabajo, y el ejército alemán dirigía alrededor de 500 esos centros para los soldados, en los que las mujeres eran forzadas a trabajar.  La costumbre en aquellos lugares era preguntar: “¿la prefieres rubia o pelirroja?".