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La muerte

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muerte

Cuando haces el trabajo de entrenador de los entrenadores del área de desarrollo de liderazgo, se supone que tu nivel de razonamiento y lógica está por encima de lo normal. Pero la realidad es otra, la inteligencia y la belleza son totalmente relativas. Son cosas más inherentes al momento, a una percepción de tu realidad, de tu ambiente.


La muerte, por ejemplo, es un tema que todos los humanos analizamos de manera completamente diferente, dependiendo de nuestro adoctrinamiento por nuestra crianza, nuestra cultura, religión o educación. Así, con  ese individualismo, es que las diferentes religiones perciben la muerte.
A continuación, les describo el concepto de la muerte, desde el punto de vista de las creencias y doctrinas más relevantes en el mundo:
• Para el cristianismo, la muerte es un tránsito desde la vida terrenal hacia Dios. Los cristianos piensan que, al morir, el cuerpo se corrompe, pero el alma sobrevive. La muerte es el descanso eterno junto al creador, aunque para alcanzar el cielo, habrá sido preciso cumplir con los diez mandamientos que Jesús dio a sus discípulos.
• Como los cristianos, los musulmanes también creen que, después de la muerte, serán juzgados según sus obras. Sus buenas o malas acciones les llevarán al cielo o al infierno. El profeta Mahoma, o Jesús (hay más nombres), el que entregó el mensaje de Dios o Alá a la Humanidad, intervendrá para que no se condenen al infierno.
• El hinduismo, religión que siguen unos 750 millones de personas en todo el mundo, sostiene que existe vida después de la muerte, pero no como la ven los cristianos y musulmanes, en un paraíso no terrenal. Los hinduistas creen en la reencarnación: después de la muerte, el alma renace en este mundo, aunque no necesariamente en un cuerpo humano. Es el karma resultante de acciones pasadas el que determina el tipo de renacimiento. La meta final de la vida, sin embargo, es la liberación del ciclo de vidas en este mundo material y la entrada en el Nirvana o paraíso. Los hinduistas creen que pueden salvarse de tres maneras: cumpliendo con los deberes propios y familiares, lograr un estado de conciencia (mediante la meditación) en el que nos demos cuenta de la identidad con Brahma y, por último, obtener la ayuda de un dios.
• Los budistas se aferran a las Cuatro Nobles Verdades: La vida está llena de sufrimiento; su causa es el deseo; extinguir el deseo hace cesar el sufrimiento; para lograrlo hay que seguir el Óctuple Camino: Visión, vida, aspiraciones, esfuerzo, palabras, conciencia, conducta y concentración correctas.
La muerte, para mí, es el descanso indefinido de los órganos de un cuerpo humano de aproximadamente 55 a 85 años de existencia. Estos cuerpos normalmente se rinden primero en el hombre, por lo que los varones mueren primero que la mujer, es decir, que nosotras quedamos viudas más rápido que los hombres.
En mi camino por la vida desde niña recibí buenos ejemplos de mi familia, lo que me motivó a querer ayudar a otros, de ahí que he dedicado casi toda mi vida al trabajo comunitario, creo que los seres humanos venimos a este espacio terrenal a dar lo mejor de nosotros y ayudar a quien lo necesite, no todos tenemos la misma capacidad de entender los procesos. Por eso creo en la frase popular “Ayudar sin mirar a quién”.
Creo que ganamos más siendo buenas personas que lo contrario y por eso  creo que el alma, dependiendo de nuestro accionar en la vida,  regresa transformada al lugar de donde salió, más madura, más vieja, más sabia, más pura…  ¡El alma no tiene color, ni tamaño, ni peso, solo es fea o hermosa, así como mala o buena! 
En esta etapa de madurez en mi vida solo sé comunicarme con el alma de los demás, con la esencia de otros seres humanos.
Por hoy, los dejo con este poema, de San Agustín:
“La muerte no es nada. Yo sólo me he ido a la habitación de al lado. Yo soy yo, tú eres tú. Lo que éramos el uno para el otro, lo seguimos siendo.
Llámame por el nombre que me has llamado siempre, háblame como siempre lo has hecho. No lo hagas con un tono diferente, de manera solemne o triste. Sigue riéndote de lo que nos hacía reír juntos. Que se pronuncie mi nombre en casa como siempre lo ha sido, sin énfasis ninguno, sin rastro de sombra.
La vida es lo que es, lo que siempre ha sido. El hilo no está cortado. ¿Por qué estaría yo fuera de tu mente, simplemente porque estoy fuera de tu vista?
Te espero...No estoy lejos, justo del otro lado del camino...Ves, todo va bien. Volverás a encontrar mi corazón. Volverás a encontrar mi ternura acentuada. Enjuga tus lágrimas y no llores, si me amas”.