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Julio Ortiz: "Me siento más activista comunitario que comerciante"

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PROVIDENCE, RI.- Si algo tienen en común Julio Ortiz y “Taíno”, el negocio de su propiedad, es que ambos son muy polifacéticos.

Ortiz es un reconocido comerciante de esta ciudad, dedicado en cuerpo y alma al activismo comunitario. Se define como amante de la arqueología, el folclor, la cultura y la historia dominicana, además de ser un ávido coleccionista, músico, decorador, promotor artístico y consagrado devoto de la Virgen de la Altagracia.

En cuanto a su negocio, los servicios que allí se ofrecen son también numerosos y variados: reparación e instalación de mufflers, mecánica automotriz, venta de gomas, soldadura, herrería, fábrica de escaleras, defensas para autos, entre otros. Por si esto fuera poco, también tiene una pequeña orquesta, entre él y sus empleados, la “Taíno Band”, que realiza presentaciones musicales.

A diferencia de otros comerciantes, él no tiene quejas acerca de falta de oportunidades o de inconvenientes para manejar su negocio en tierras norteamericanas. “La economía a veces se cae, hay momentos buenos, otros malos; pero nosotros siempre tenemos trabajo, porque no estamos enfocados en una sola cosa. Tampoco me ando quejando. Si no puedo tener mi negocio aquí, lo que debo hacer, entonces, es recoger e irme para mi país”, comenta.

Ortiz llegó a Estados Unidos en el 2001, procedente de su país de origen, República Dominicana. Siendo, en principio, un inmigrante indocumentado, trabajó recortando la yerba en un campo de golf, hasta que entró a laborar en el taller del cual hoy es dueño. Recuerda que empezó como empleado, a los dos años lo hicieron encargado y a los cinco se le dio la oportunidad de adquirir el local.

Miembro de una familia de escasos recursos económicos, Ortiz supo desde muy pequeño lo que es “partirse el lomo” para conseguir el peso. Con apenas ocho años viajaba todos los días a Santo Domingo desde Baní, su pueblo natal, a vender arepas, maní, “yaniqueques” y a limpiar zapatos. Su rutina laboral a tan temprana edad, interrumpió sus años de escuela, pero no sus deseos de salir adelante para poder ayudar a los más necesitados.

Gracias a su espíritu inquieto, y a la influencia que tuvo en él su abuela, conocida por ser una persona altruista, Ortiz se involucró en actividades benéficas, tanto en República Dominicana como en Providence. En esta ciudad es uno de los voluntarios que trabajan en el evento “Angeles de la comunidad”, que regala juguetes en Navidad a miles de niños de escasos recursos. También realiza labores de filantropía patrocinando, a través de su negocio, eventos comunitarios diversos.

En el 2014 creó la Fundación Abundancia de Agua (Baní, en el lenguaje de los indígenas), con el objetivo de mejorar la calidad de vida de residentes en comunidades empobrecidas de República Dominicana, mediante el impulso de proyectos educacionales, deportivos, de salud y desarrollo comunitario. A través de esta Fundación brinda ayuda a familias e individuos en zonas rurales de su pueblo natal, así como de otras provincias. 

Con recursos que logra reunir en actividades benéficas que él mismo organiza, y en ocasiones con dinero salido de sus propios bolsillos, Ortiz construye y reparas casas, escuelas, centros comunales. También regala sillas de ruedas, muletas y caminadores a personas con discapacidad física; ayuda a ancianos, a enfermos de Sida, niños y mujeres maltratadas; entrega juguetes, raciones de comida y útiles escolares, además de llevar artículos de higiene a las cárceles.

Su nuevo proyecto es rescatar a niños de la calle, empezando por ayudarles a regularizar su estatus civil, mediante la obtención de partidas de nacimiento, para que puedan inscribirse en la escuela.

Él es conocido también por ser un arduo defensor del folclor de su país. Sus recreaciones de la cultura quisqueyana son famosas cada año en los desfiles del Convite Banilejo en Massachusetts, y el desfile dominicano en New York. Ha hecho de billetero, vendedor de fríofrío, quincallero, propietario de ventorrillo, etcétera. En Baní, las fiestas anuales que organiza a finales de enero, en honor de la Virgen, atraen a miles de personas.

A pesar de su intensa labor social, Ortiz, quien se considera “más activista comunitario que comerciante”, asegura que no le interesa incursionar en la política. “Muchos políticos me han ofrecido formar parte de sus proyectos”, señala, “pero la misión mía es cumplir con mi promesa de ayudar a la gente que más lo necesita".