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La Amnistía de 1986 y el mensaje de Reagan: ¿Por qué importa hoy?

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altPROVIDENCE, RI – En el 1986, con un plumazo y una ronda de apretones de manos, el Presidente Ronald Reagan cambió millones de vidas y reformuló la política de inmigración de los Estados Unidos.

De repente, millones de inmigrantes indocumentados se convirtieron en elegibles para conseguir un estatus legal. La combinación de beneficios con sanciones más estrictas de control fronterizo y de los empleadores, prometía solucionar lo que se consideraba como un sistema de inmigración in-funcional.

Reagan, que había estado abogando por la ley durante años, dijo que esa reforma "era la más amplia realizada en nuestras leyes de inmigración desde 1952".

Aunque el nombre de Reagan es el más asociado con esa reforma, las administraciones anteriores sentaron las bases para sus elementos principales.

Durante la campaña de reelección del 1972, el Presidente Richard Nixon señaló a la contratación de inmigrantes indocumentados como una de las razones principales del desempleo de la década de los '70, y afirmó que los indocumentados eran una pesada carga para la nación.

En el 1976, durante la presidencia de Gerald Ford el Congreso aprobó una ley de inmigración que, entre otras cosas, redujo el número de mexicanos que podrían aplicar para inmigrar legalmente.

Ford expresó su descontento con esa parte de la pieza legislativa, anticipando que esto sólo aumentaría la entrada ilegal de inmigrantes mexicanos. Se comprometió a presentar una legislación que aumentaría la cuota de inmigración legal en enero del año siguiente, pero no pudo hacerlo ya que el Presidente Jimmy Carter asumió la presidencia.

En agosto del 1977, Carter propuso una legislación para elevar la cuota de inmigración de los inmigrantes mexicanos y conceder legalización a los inmigrantes indocumentados que ya vivían en el país. El Congreso no conoció la propuesta, pero trabajó con Carter, para establecer la "Comisión sobre Política de inmigración y Refugiados", con el objetivo de estudiar y evaluar las leyes existentes, las políticas y los procedimientos que regían la admisión de los inmigrantes y de los refugiados. El informe final no estuvo listo hasta marzo del 1981 y nunca fue entregado a Carter, sino al recién inaugurado Presidente Reagan.

El informe describía que una población de entre 3 a 5 millones de inmigrantes indocumentados ya vivían y trabajaban en los Estados Unidos. Frente a estas cifras, Reagan - tal vez el campeón del libre mercado más emblemático de los últimos cincuenta años – sostuvo que el informe era una prueba de que el problema en realidad era de "libre mano de obra".

En un discurso radial en el 1977, Reagan explicó sus puntos de vista sobre la inmigración ilegal poniendo el ejemplo de manzanas pudriéndose en los árboles de los huertos de América:

"Hace que uno se pregunte sobre los extranjeros ilegales. ¿Son en realidad un gran número de nuestros desempleados víctimas de la invasión de los extranjeros ilegales que realizan trabajos que nuestra propia gente no va a hacer? Una cosa es cierta en este mundo hambriento: Ninguna reglamentación o ley debería permitirse si los resultados son que los cultivos se pudren en los campos por falta de cosechadores”.

altArmado con el estudio del 1981, Reagan comenzó a presionar por una Reforma Migratoria Amplia que las administraciones anteriores nunca habían pedido.

La primera versión del proyecto de ley fue introducida en el 1982, pero tomó años para obtener los votos suficientes para ser aprobada por el Congreso.

La votación final del Senado fue 63 contra 24, con el apoyo dividido en forma bastante pareja entre Demócratas y Republicanos.

"Las futuras generaciones de estadounidenses estarán agradecidas por nuestros esfuerzos", dijo Reagan en la firma del proyecto de ley.

Seis meses más tarde, las solicitudes de legalización comenzaron a ser enviadas. En los meses y años siguientes, la medida sería criticada por algunos como casual y descuidada en su preparación.

Para Reagan la Amnistía del 1986 fue un gran legado de su presidencia.

"Toda mi vida política he hablado de una ciudad brillante", dijo Reagan en el 1989 cuando salía de la Casa Blanca, "no sé si alguna vez he expresado lo que pienso cuando lo he dicho. En mi mente veo una ciudad de altura, orgullosamente construida sobre rocas más fuertes que los océanos y los vientos, bendita por Dios y llena de gente de todo tipo que viven en armonía y paz. Una ciudad con puertos libres que zumba con el comercio y la creatividad. Una ciudad con muros, pero con puertas abiertas para cualquiera que tenga la voluntad y el corazón de llegar hasta aquí."